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No es necesario tener un trato asiduo con los libros para eso. El ambiente está lleno de elementos gráficos, empezando por los de propaganda y señalizaciones urbana y vial. Por eso muchos niños llegan a la escuela con una idea bastante aproximada de lo que es la escritura y de cuál es su utilidad. Ya saben que los grafismos representan palabras y mensajes de modo que es innecesario inculcarles esa idea. Muchos niños (e incluso muy pequeños) que no conocen en absoluto el alfabeto reconocen sin embargo muchísimas palabras escritas, sobre todo las que se refieren a marcas publicitadas a través de los grandes medios de comunicación, como COCA COLA, DANONE, SEAT, COLA CAO...

Para terminar vamos a definir la escritura como sistema de comunicación de segundo grado que representa un segundo ciframiento con respecto a la lengua oral y que comparte con ésta su carácter lineal, social y convencional.

Hay otros sistemas de representación gráfica distintos de la escritura, muchos de ellos claramente icónicos. La iconicidad no es una condición relevante para la escritura aunque, a veces, en escrituras de tipo ideográficas pueda existir.

Lo verdaderamente esencial para que una escritura sea considerada como tal es que traduzca unidades del código oral; podrán ser unidades significativas o unidades menores que las significativas, es decir, simples figuras, pero en cualquier caso, tendrá que existir una correspondencia tal que permita la conversión de cualquier mensaje oral en un mensaje gráfico, por el procedimiento de cambiar la sustancia de la expresión sonora en sustancia de la expresión gráfica y de llevar al espacio la cadena gráfica partiendo de la cadena fónica que se desarrolla en el tiempo.

Hay dos grandes familias de escritura: las ideográficas, más antiguas y más complicadas, que representan las palabras de la lengua como elementos dotados de significado, es decir, representan la idea de la palabra de forma gráfica.

La otra gran familia la forman las escrituras fonográficas, que representan sonidos sin significados.

Silábicas

Fonográficas Consonánticas

Alfabéticas

 

Las escrituras alfabéticas se dividen en tipos distintos según criterios distintos. Uno de los criterios es el de la actualización y así tendremos que pueden ser etimologizantes o arcaizantes y modernizadas cuando son escrituras antiguas o de larga duración, según se haya ido transformando o no para mantener su cercanía con la lengua hablada. Son etimologizantes las escrituras del inglés y francés, mientras que la del español es una escritura modernizada.

Evidentemente esta división no rige para las escrituras nuevas, o sea, de reciente creación que se oponen a las tradicionales de las que acabamos de hablar y en las que todavía no se ha producido desfase entre lo oral y lo escrito. Es en el siglo XIX y XX donde nacen muchas lenguas nuevas.

Las escrituras alfabéticas también se dividen en:

Fonéticas: representan las distintas pronunciaciones de un mismo sonido funcional de la lengua.

Fonemáticas: representan los fonemas de las lenguas.

Fonológicas: representan todos los riesgos sonoros funcionales posibles al margen de los fonemas, que también sin duda.

 

Fonema: sonido funcional de la lengua (si lo cambias, cambia el significado de la palabra)

Pueden representar por ejemplo rasgos como el acento y la entonación. La escritura de nuestra lengua es de éste tipo (fonológica). Para representar acentos se sirve de las tildes y para representar acentuaciones, de los signos de puntuación.

 

EL SIGNO LINGÜÍSTICO

 

 

SIGNIFICANTE

 

 

SIGNIFICADO

 

 

El signo lingüístico según Saussure es arbitrario. Entendemos por arbitrario no justificado en razones objetivas y evidentes, por lo que respecta a la relación entre significante y significado.

De hecho, existen miles de lenguas y muchos signos de lenguas diversas que comparten el mismo significado que se asocian a un significante distinto en cada una de ellas, sin que podamos afirmar que unos signos sean mejores que otros porque estén más justificados o porque haya adecuación entre la idea que expresa y la sonoridad con la que expresan.

Afortunadamente el signo es arbitrario, podemos decir. Quizás por eso las comunidades humanas lo han podido emplear sin problema. Pensemos que si las palabra que usamos tuvieran que estar justificadas sería muy difícil que nos pusiéramos de acuerdo sobre cada una de ellas siempre habría argumentos a favor en contra.

Pero los sonidos y las ideas que encierra se relacionan convencionalmente, sencillamente porque aceptamos por tradición heredada los nombres de las cosas y no necesitamos cuestionárnoslo. Cada generación recibe una lengua ya configurada, cuya mayor virtud es estar codificada, porque eso es lo que va a permitir comunicarse con ella.

Si hubiera normas sobre como deben corresponder los significados a los significantes podríamos discutirlas e incluso cambiarlas, pero como sabemos que no las hay no lo hacemos. La próxima arbitrariedad del signo lo pone al abrigo de toda discusión y preserva su identidad garantizando su continuidad. Naturalmente esta es una verdad que admite matices.

La naturaleza auditiva del signo da lugar a su linealidad para que los sonidos nos resulten claros y podamos diferenciarlos tendrán que sucederse en el tiempo; el significante desarrolla en el tiempo y del tiempo toma la característica de desarrollarse en una sola dirección, de modo lineal. A pesar de lo simple que esto parece es algo que repercute de tal manera en la organización de la lengua que es verdaderamente fundamental.

El signo se articulará doblemente en la cadena sonora y las unidades de la lengua pertenecerán necesariamente a la primera o a la segunda articulación.

 

INMUTABILIDAD Y MUTABILIDAD

 

Inmutabilidad

 

El usuario unilateralmente no puede cambiar el signo porque si lo hace lo anula, no será entendido por los demás y si el cambio es mínimo y el entendimiento se mantiene la sociedad pensará que se está equivocado.

Los signos se integran en un sistema y además se trata de un sistema enormemente extenso y de organización compleja. Por eso modificarlo no es rentable puesto que ocasiona repercusiones en la organización del sistema y complica la producción de mensajes.

Otra de las razones por las que no podemos cambiar los signos a nuestro antojo es que esos signos existen en nuestra memoria y están grabados en ella. Un hablante por azares de su historia personal puede olvidar parcialmente su lengua pero la sociedad de los hablantes nunca podría seguir ese ejemplo.

En general los signos aprendidos en la infancia son muy sólidos y estables. El vínculo entre significante y significado es muy fuerte.

En realidad, entre las dos caras del símbolo se ha producido una fusión que no es posible romper por acto de bondad. Si se rompe, es accidentalmente y a nivel individual. Además, la sustitución de los signos existentes por otros nuevos sería extraordinariamente complicada a la hora de poner de acuerdo a los usuarios entre sí.

Dada la circunstancia ya vista de que el signo es arbitrario, no es bueno ni malo, adecuado o inadecuado y su única razón de ser es que lo hemos heredado así. Es producto de una evolución que queda fuera de nuestro dominio.

 

 

 

Sexo en Vivo

 

Así como el signo no puede cambiar por la libre voluntad del usuario, y mucho menos del individuo, cambia aunque no lo quiera el usuario, por obra del tiempo. No hay pautas fijas que nos permitan decir cuanto tiempo hace falta para que el cambio del signo se haga notar en una lengua dada.

Sexo en Vivo No es tanto la cantidad de tiempo como los acontecimientos que suceden en el tiempo lo que puede ocasionar la transformación. En la vida de las lenguas es vital el aislamiento o la posibilidad de intercomunicación. Es fundamental la producción textual y sobre todo la adaptación del código a las necesidades de la gente y de la cultura, por eso las lenguas cambian por una multiplicidad de razones, no por una única razón, precisamente lo que garantiza la continuidad de una lengua en su capacidad de adaptación a las necesidades sociales.